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“El peligro del etiquetado de fotos y el reconocimiento facial”, noticia en Interdixit

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Noticia: “El peligro del etiquetado de fotos y el reconocimiento facial” de la sección Tendencias

El peligro del etiquetado de fotos y el reconocimiento facial

Demostración de una identificación con un 74% de acierto
Demostración de una identificación con un 74% de acierto

Cada vez que una imagen en una red social es etiquetada, se abre una puerta a la vida privada de las personas que aparecen en la fotografía. La imagen y sus datos asociados dejan de pertenecer a quién la colgó en Internet, aún cuando su perfil sea privado. Pasa a engrosar una inmensa base de datos de personas que, dentro de muy poco, podrán ser identificadas por la calle desde dispositivos tan aparentemente simples y lúdicos como las gafas de Google.

La empresa californiana Lambbda Labs ya tiene una API en pruebas para utilizar su sistema de reconocimiento facial en las Google Glass. El fabricante de las gafas, Google, aún no ha anunciado ninguna aplicación similar, pero tiene la tecnología de Viewdle para desarrollarla. Facebook, su competidor en redes sociales, compró hace un año Face.com, con las mismas intenciones.

Entretanto, las redes sociales van llenándose de aplicaciones para manipular imágenes y, evidentemente, etiquetarlas.

La operativa es similar a iPhoto, el programa de Apple para los aficionados a la fotografía doméstica, que es capaz de reconocer caras y proponer su etiquetado. Pero con la diferencia de que las imágenes iPhoto residen —generalmente— en el ordenador propio y nadie más tiene acceso a los datos: nombre de los sujetos, lugar, geolocalización, condiciones técnicas de la toma, dispositivo de la toma, aplicación usada en la modificación, temática del álbum o evento, descripciones y notas…

Todos estos datos en una red social abierta se convertirán en la base que utilizan los sistemas de reconocimiento facial. Con ellos serán capaces de asociar a una cara datos funcionales (DNI, domicilio, población, familiares), datos inferidos y valoraciones de terceros.

El procedimiento tecnológico es el mismo que están experimentando las agencias de seguridad de los países, dotando a los drones de capacidad de identificación de los rostros en tiempo real. Cuando rastrean un objetivo, desde miles de kilómetros de distancia, el piloto puede ver qué porcentaje de similitud con la persona buscada tiene el encañonado, su índice de peligrosidad o de prioridad de eliminación, y decidir así si aprieta o no el gatillo.

En una aplicación práctica y más próxima, se podría llegar a suponer que un ciudadano ha tenido una discusión sin importancia en un establecimiento de ocio. Allí, sin que lo perciba, ha sido grabado su rostro y difundida su imagen a todos los porteros del grupo de restaurantes, discotecas, salas de fiestas… Cuando se dirige, mucho tiempo después a una discoteca, el portero detecta en sus Google Glass que se trata de un individuo conflictivo, al que no debe dejar entrar. Aunque sea la primera vez que lo ha visto.

Y automáticamente recibe información en sus gafas de registros del pobre ciudadano para vetarle el paso: nombre, edad, fecha del altercado, lugar del altercado, con quién —sus nombres— se encontraba y se encuentra ahora, cuáles son sus preferencias de bebida, su estado de forma físico, su puesto de trabajo, etcétera.

Y, lo que es peor, podría usar los datos.